miércoles

La era McDonald

Restaurante tailandés. En la mesa de al lado, justo detrás del biombo de cristal, unos señores firmemente trajeados y empapados de Nenuco ríen a carcajada limpia. Han conseguido engañar a una pareja de jóvenes y les han hipotecado hasta la médula. "¡seguro que lo pagan trabajando en el McDonalds!", se mofan triunfantes. El más calvo de todos se sonroja. El más veterano se quita su anillo de compromiso para intentar acariciar la delicada cintura de la camarera asiática. El tercero, un tipo indescriptible, visita con frecuencia el baño. Sus despiadadas palabras enmascaran la melosa música que acostumbra hacerme ensoñar. Hoy no. Bueno, son cosas que pasan.

Mientras, en el McDonalds nadie se percata de que tienen a todo volumen un disco de grandes éxitos de Morrisey, confeso vegetariano que lucha fervientemente contra el consumo de carne. Sin ningún reparo, podemos escuchar felices y contentos 'Meat is murder' (carne es asesinato) mientras pedimos una pegajosa hamburguesa. En ese momento, despiden a una chica porque no era lo suficientemente rápida. Sus no tan jóvenes compañeros sonríen al fondo. Bueno, son cosas que pasan.

La chica, triste y humillada, vuelve a casa de sus padres. Se lo cuenta. Su padre es el calvo que se sonrojaba en el tailandés. "Papá, ¿podrás ayudarme con la hipoteca?""No te preocupes hija, con tu currículum no tendrás problemas para trabajar en el Telepizza."

Mientras, en la puerta del McDonalds un indigente intenta hacer reír a los transeúntes con un truco de magia. Nadie le mira.

Bueno, son cosas que pasan.