Un caramelo con demasiada envoltura. María Antonieta (crítica/review)

Meta estas tres premisas en una batidora y abróchese el cinturón. Y es que la gran Sofía Coppola está empeñada en crear escuela con un estilo que fascina y aburre a partes iguales. Y eso, mientras tenga productor, es estupendo. Sus películas se caracterizan, como las de Lynch, en ganar enteros en sucesivos visionados. La atmósfera es uno de los elementos narrativos que mejor maneja Sofía y el éxito de su cine, en gran parte, se debe a ello. El problema de crear films excesivamente dependientes de la atmósfera reside precisamente en las dificultades que interpone al espectador medio. Por ello muchas secuencias bordean titubeando la simpleza, el detalle y el buen gusto con la horterada, lo vacuo y sinsentido.
‘Trilogía de la identidad’ es como algunos definen la actual filmografía de Coppola hija, aunando Las vírgenes suicidas, Lost in translation y la Maria Antonieta que nos ocupa. Quizás sea una definición muy acertada para definir una de las características irrefutables de su cine: la pasión por los personajes. Y es aquí, donde, al igual que ocurría con su ópera prima, Kirsten Dunst saca las castañas del fuego. Coppola sabe que tiene un filón y lo explota al máximo. Dunst saca nota con un papel nada fácil y que se torna, por momentos, inolvidable. Cuando comparte encuadre con el siempre sorprendente Jason Schwartzman (no se pierdan la maravillosa ‘Extrañas coincidencias’) el apogeo parece no tener fin.

A pesar de esto, fíjense si peco de ignorancia, que suelo intentar buscarle ocho pies al gato. ¡Claro, es que Maria Antonieta está viviendo como una rockera! ¡Ahora sí encaja esa simbología con los temas musicales contemporáneos! Y si no encaja narrativamente… ¡a la mierda! La música propone sensaciones y las sensaciones no tienen época. Chapó, Sofía. Dejando aparte esta filosofía bipolar sobre el sentido musical en un film, el afán innovador de Sofía es algo intrínseco del cine de autor puro y duro. Y eso es tanto… que debemos estar atentos a la trayectoria de esta cineasta de culto porque en el futuro puede sorprendernos gratamente…
La historia contada hasta la saciedad de persona incomprendida en un lugar hostil aquí cobra un magnetismo esencial (gracias también a una imparable puesta en escena y a un excelente diseño gráfico y estilístico) que puede hacernos salir del cine, incluso, con la sensación de haber visto algo crepuscular. Pero, no nos engañemos, el crepúsculo de Coppola llegó con sus films anteriores. Esto ha sido… cómo lo diríamos… un trámite comercial tan arrogante y descarado como elegante y personal.
Como hacía su padre, vaya.
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